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LA SALUD DE MATANZAS Y LA SALUD DE LA NACIÓN

Decían mis ancestros africanos: “Estira la sábana mientras no te destapes los pies y estira los brazos hasta donde no te caigas palante” y decían mis ancestros españoles: “quien da lo que tiene a pedir se queda” y también: “quien gasta TODO lo que tiene termina gastando lo que No tiene”. Esa educación popular que he recibido hace que me cuestione algunas cosas.

Primera duda:

Ayer me entero que parte del problema de salud de Matanzas y del país es que el personal médico “está agotado”. Sin embargo, tenemos un carajal de médicos en el exterior (perdonen los que están cumpliendo misiones y también los que están en fila para ir); entonces: ¿soy yo la única que se cuestiona que la solidaridad no puede consistir en ser candil de la calle y oscuridad de la casa?

Yo sé que al gobierno le pagan por los servicios de esas brigadas. No sé si todas ni cuánto, porque no es una cifra pública, quiero decir, que nuestro gobierno no se considera en la obligación de dar parte al pueblo de cada uno de esos quilos y en qué los van a emplear. Pero, como de todas formas, según la constitución de la república: “ARTICULO 17.-El Estado administra directamente los bienes que integran la propiedad socialista de todo el pueblo”, a mí me gustaría mucho saber si el pueblo de Cuba está de acuerdo con esa situación. Sobre todo, después de tanto escuchar que los médicos que “se quedaron” no sólo eran traidores a la patria, sino que están condenados a no poder regresar a nuestro país hasta pasados 8 años. 

Soy solidaria por vocación e internacionalista por convicción. Considero que la solidaridad, en su más alto grado, no consiste en dar lo que a uno le sobra sino en compartir lo que se tiene. En nuestro país nunca han “sobrado” médicos para repartir por el mundo. Tenemos una larga y hermosa historia de solidaridad que me hace feliz (y hasta cierto punto envidiosa porque nunca tuve la oportunidad de cumplir una misión). Pero ahora estamos ante una emergencia. Necesitamos ayuda. Pero no me imagino que ni siquiera los africanos entiendan que, además de medicamentos y otros recursos de medicina, los cubanos necesitemos médicos.

Segunda duda:

Hace unos días vi la noticia de los flamantes carros comprados para la PNR, hoy veo la noticia de que en una provincia del país un paciente murió y una de las razones es porque tienen una sola ambulancia. Y no me hablen de fake news, que, en enero del 2018, mi padre, de 87 años, y enfermo de cáncer, se fracturó la mano y tuvo sus huesos expuestos por ¡más de 4 horas! porque no venía la ambulancia, y vinieron, al cabo de ese tiempo, por el escándalo que les armé por teléfono y la explicación fue que no había suficientes ambulancias. ¡2018! O sea, antes de que celebráramos con bombo y platillo el 500 aniversario de La Habana, donde sólo en gigantografías se invirtió un dineral y, por supuesto, antes de que el primer chino se contagiara de covid 19.

Yo estoy absolutamente dispuesta a someterme a la voluntad del pueblo de Cuba, incluso si no estuviera de acuerdo con la opinión de la mayoría. Pero no tengo forma de saber, realmente, cuál es la voluntad popular. Porque el plebiscito, que fue una conquista de la clase trabajadora, (según la asignatura “Historia del movimiento obrero internacional”, que estudié en la universidad), ahora el discurso oficial lo ha convertido, en una “maniobra” del imperialismo, de la contrarrevolución, de los “partidarios del golpe blando” y de cualquiera que se cuestione la gestión del gobierno. 

Sinceramente, yo veo una contradicción total entre lo que dicen los medios que “el pueblo piensa…” y lo que escucho en la calle, en las colas y las guaguas. Como tampoco entiendo por qué esos mismos medios nos llaman PUEBLO cuando desfilamos o apoyamos al gobierno y nos llaman POBLACIÓN cuando nos quejamos de algo.

Tercera duda:

El CORREDOR HUMANITARIO Y LA "CONTINUIDAD"

No entiendo el ataque de histeria del gobierno cubano ante la solicitud de diversas personas de que se abra un corredor humanitario. Confieso sin pudor que me acabo de enterar por la Wikipedia online de que ese término se aplica a situaciones de conflicto bélico. Sin embargo, no soy la única que le da a ese concepto un significado más amplio. Por sólo citar dos ejemplos: en julio del 2020 se publicó, en Santo Domingo, la noticia de que la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja envió a fines de junio, desde la República Dominicana a Haití, artículos de socorro a través de un corredor humanitario y esta misma noticia afirmaba, que varias organizaciones humanitarias, entre las cuales está el Programa Mundial de Alimentos (que financia proyectos en Cuba, que he tenido oportunidad de leer) han creado un proyecto para crear “Corredores humanitarios del Caribe”. El otro ejemplo es más reciente y se trata de la autorización del gobierno ecuatoriano para abrir un corredor humanitario para permitir el paso de venezolanos que se dirigen a Perú. 

El tema de la ayuda humanitaria ha sido llevado y traído desde hace décadas. En las organizaciones humanitarias ha habido y hay de todo como en botica. Y en ellas hay gente de todo tipo: inteligentes, incautos, malvados y estúpidos (según las definiciones de estos términos de Carlo M. Cipolla en su ensayo “Las Leyes de la estupidez”). Y también hay la misma variedad en los destinatarios de las ayudas. Muchas personas han visto cómo gobiernos corruptos se apropian de las ayudas enviadas a veces a costa de grandes esfuerzos y sacrificios; nos pasó a nosotros mismos cuando el gobierno de Somoza se apropió de las toneladas de material de ayuda que Cuba fue la primera en enviar a Nicaragua cuando el terremoto de 1972, igual sirvió porque, como decía Fidel: “¡pero no se pudo apropiar de los 48 médicos que enviamos!”. Ha habido organizaciones que a costa del humanitarismo han hecho grandes campañas mediáticas buscando promover determinadas agendas políticas. Y también ha habido mucha gente buena y honesta acusada injustamente. ¡Y también nosotros estamos entre estos! Si no tenemos el record de calumnias por nuestra solidaridad e internacionalismo, al menos, tenemos un buen average. 

Y, ahora, el gobierno de Cuba mete en el mismo saco a un montón de gente diferente, dando muestras de una miopía política y un empacho ideológico sin precedentes.

Una de las pretensiones que esgrimen es que toda ayuda debe pasar por las instituciones gubernamentales. O sea, que mientras el gobierno cubano se niega a aceptar ayudas o tratados que nos pongan condicionales, por otro lado ¡le pone condicionales a los que ofrecen ayuda! ¿Y ustedes se dicen que son “continuidad”? Los hechos desmienten esta expresión:

1. En el período especial, muchas organizaciones humanitarias habían establecido como principio que sólo se entregaban donaciones a ONGs, y de la noche a la mañana, nuestro país se llenó de ONGs, incluso asociaciones de larga data como la ANAP y la ACLIFM se convirtieron en ONGs. No viene al caso analizar aquí la relación entre el término “no gubernamental” y la Ley de Asociaciones de Cuba que establece que toda Asociación debe tener una relación vinculante con el estado, porque, en definitiva, también fuera de Cuba muchas ONGs dependen del financiamiento de los gobiernos. De lo que se trata aquí es de la táctica política. En ese momento, el gobierno cubano no se puso a dar gritos y rechazar ayudas esgrimiendo verdades como que había ONGs que estaban financiadas por la CIA. (ver Wikipedia)

2. También en el período especial fui testigo de dos hechos de entregas de donaciones directamente a la gente. El primero fui yo misma, en marzo del 93 estuve en Venezuela y no pude negarme a traer un par de mochilas, una llena de libretas y lápices que entregué en una pequeña escuela especial del vedado cuyo nombre no recuerdo y otra con jabones de lavar que repartí entre los vecinos de mi edificio (perdonen esta digresión: en ese viaje único fuera de Cuba los venezolanos me hicieron llorar. Allí vi gente de todo tipo y tendencia política movilizados en torno a una consigna: “¡Un barco para Cuba!" La mayoría era gente pobre y gastaban una enorme cantidad de tiempo y esfuerzo en recaudar de todo para ¡llenar un barco! Y conocí a un rico militar retirado que se atendía aquí no recuerdo qué problema de salud y cada vez que venía traía un cargamento de cosas para el hospital y me decía: “mira flaca, ellos disimulan lo mejor que pueden y siempre me dicen que no hace falta que lleve nada, pero yo sé que les falta de todo y con el amor que me tratan ¿crees que voy a ir con las manos vacías? ¡Ni loco!”). El segundo caso fue cuando, en 1994, operaron al que era mi esposo en el hospital Luis de la Puente Uceda: un día cualquiera se apareció una decena de extranjeros allí y pidieron permiso para pasar a repartir algunas cosas a los pacientes, y se les permitió pasar con amabilidad y gratitud y fueron de cama en cama entregando una jabita con jabones pasta de dientes y varias cosas más que no recuerdo. 

3. En marzo de 1993 fue la tormenta del siglo y las penetraciones del mar inundaron muchas zonas del litoral. El edificio de una amiga mía quedó aislado porque el agua llegó al primer piso, y les llevaron comida y agua en botes durante días. Cosas que los cubanos hacía años no veíamos y que estaban religiosamente guardadas en la reserva estatal: leche condensada, latas de carne rusa y hasta galletas de sal. Y, por supuesto, nadie tuvo que pagar un quilo por nada de eso.

4. En el 2004 y el 2005 yo estaba viviendo en Pinar del Río y los ciclones se ensañaban con nosotros. Durante meses recibimos por la libreta una pequeña cuota extra de alimentos que incluía arroz, lentejas u otros frijoles y hasta aceite en pomos sellados, y también todo eso era gratis.

5. En el 2001 el presidente George W. Bush autorizó a las empresas norteamericanas a venderle a Cuba que había sido devastada por otro ciclón. Las condiciones de pago eran duras: por adelantado y al cash, pero el gobierno cubano aceptó y, por primera vez, empresas norteamericanas ocuparon un pabellón y medio en expocuba en FIHAV 2003. Yo tuve la oportunidad de dialogar con varios empresarios, algunos de ellos de origen cubano, que estaban muy deseosos de que las relaciones se normalizaran, y poder negociar normalmente con Cuba que les quedaba tan cerca y les era tan conveniente. Y recuerdo que Fidel agradeció la iniciativa y dijo que, aunque las condiciones eran duras, significaba un avance importante.

Ahora veamos la “continuidad”: 

1. Cuando el tornado azotó La Habana el gobierno le VENDIÓ “a bajo costo”, comida a los damnificados mientras impedía que restaurantes particulares repartieran comida gratuita. A Zenaidita Romeu y las chicas de su Camerata, una dirigente del partido, las botó a cajas destempladas por haber ido a repartir ayuda a los damnificados del Municipio Regla. El gobierno vetó la solidaridad de los cubanos para con nosotros mismos. A mi esposo y a mí nos regañaron, porque nos atrevimos a entregar nuestra modesta ayuda a una congregación religiosa (somos ateos, pero eran los que estaban más a mano y en definitiva lo importante era ayudar).

2. Un funcionario del gobierno declara que Cuba no necesita ningún corredor humanitario porque el gobierno está haciendo todos los esfuerzos necesarios por el pueblo cubano. ¡¿PERO QUIÉNES SE CREEN USTEDES QUE SON?! Ustedes son funcionarios que están cumpliendo, con resultados mediocres, para hablar con modestia, el contenido de trabajo correspondiente a los cargos que ocupan POR MANDATO POPULAR. Los esfuerzos aquí los está haciendo el pueblo de Cuba: el personal de salud desde los que limpian hasta los que se meten de campana a campana en los laboratorios y los centros de investigación; los trabajadores agropecuarios desde los que doblan el lomo en el surco hasta los perseguidos kioskeros; los trabajadores cuyos centros están cerrados y hacen guardias o pesquisajes; los estudiantes a los que obligan a gastar datos, que cuestan sangre sudor y lágrimas, para continuar sus estudios y también hacen pesquisajes y tienen que buscarse trabajos de medio tiempo para ayudar en la casa donde todo se va en comida, electricidad y los paquetes de internet (mientras el presidente de la república usa su cuenta de twitter para felicitar a su esposa); los que salen a las 5am de sus casas para meterse el día en las colas de alimentos en cualquiera de las dos monedas, aguantando estos soles y arriesgando la salud mientras ustedes se pasan horas reunidos por teleconferencia y con aire acondicionado; los abuelos  abuelas que aguantan sus dolores articulares sin un analgésico y a pesar de sus achaques ayudan en lo que pueden; los vecinos que se la pasan compartiendo la comida y la tirita de pastillas que consiguen; las organizaciones religiosas; los artistas; los cubanos que trabajan como mulas en montones de lugares del planeta para poder mandar el poquito de dinero a la tarjeta de mlc, la recarga de los móviles, los paqueticos con comida y medicinas, como mi sobrina Indira que tiene dos trabajos y muchas veces llega a su casa a las 9 de la noche y anteayer me llamó todavía sin bañarse a las 10 de la noche para decirme que había llamado a la agencia y que los paquetes que mandó en marzo ya abrieron el contenedor y pronto nos llamarán. Muchos de esos cubanos están pidiendo que abran un corredor, una pista, un puente, como carajo le quieran llamar pero que se les permita ayudar a los cubanos. Pero estos funcionarios de pacotilla se han declarado a sí mismos intermediarios universales de cualquier gesto solidario incluyendo la solidaridad entre nosotros mismos.

3. El tono triunfalista de nuestros funcionarios, en medio de esta crisis, me resulta muy contrastante con un momento muy específico del período especial: era la medianoche del 31 de diciembre de 1992 y la periodista Soledad Cruz entrevistó brevemente a Fidel, lo que no se me olvida es que, durante la charla, la periodista conminó a Fidel ¡tres veces! A darle al pueblo cubano un mensaje de aliento para el nuevo año, y las tres veces Fidel le respondió, con la terquedad que lo caracterizaba y usando más o menos las mismas palabras: “El año que viene será peor”. 

4. Otra cosa que me resulta contrastante es como se diluye la responsabilidad. Desde los primeros años del proceso revolucionario y hasta la entrevista con Ignacio Ramonet, Fidel reconoció, muchas veces, errores cometidos por el gobierno y los explicaba en detalles incluyendo su responsabilidad personal.  Y ahora un funcionario se sienta en la mesa redonda y me dice tranquilamente que había muchas trabas y que había que quitarlas. Fíjense que no dice NOSOTROS pusimos trabas que estaban frenando el desarrollo de las fuerzas productivas. Porque esa es otra, nos dicen que es necesario liberar las fuerzas productivas, pero ni a la de tres reconocen que ellos y no otros las tienen trabadas y para muestra: la prohibición de la importación particular y el tope de precios. Y también tengo que leer al presidente afirmando que “no podíamos postergar más los cambios necesarios” y tampoco lo reconoce como error. Y no pongo más ejemplos porque ya esto está muy largo.

Pero ahora lo que duele y urge es la salud de Matanzas y del país y la salud de la nación como concepto ético y político. Y, una vez más, me declaro insatisfecha de la gestión del gobierno. No puedo hablar en nombre del pueblo, pero yo creo que necesitamos con urgencia que los bienes del pueblo sean administrados por gente que lo haga mejor que los que ahora ocupan esas funciones en nuestro Estado. Yo no creo que haya habido en nuestro país fraude electoral, pero sí creo que nos equivocamos al elegir; y como la revocación de mandato está en nuestra ley, yo la solicitaría. Pero como ciudadana sólo puedo proponer la revocación del delegado de mi circunscripción y la lograría si mis conciudadanos estuvieran de acuerdo. Para solicitar la revocación de un miembro del Consejo de Estado, según la LEY No. 135: LEY DE REVOCACIÓN DE LOS ELEGIDOS A LOS ÓRGANOSDEL PODER POPULAR, aprobada el pasado 28 de octubre del 2020 por la Asamblea Nacional, se requiere la propuesta de, al menos, un miembro de la Asamblea Nacional, mientras que la revocación del Presidente y el Vicepresidente, requiere que la propuesta sea hecha por, al menos, un tercio de los diputados a la Asamblea Nacional.

No es que, como ciudadanos, no podamos, legalmente, proponer la revocación de los dirigentes electos por nosotros, pero el proceso empieza desde la circunscripción. Por ejemplo: proponer a mis vecinos de circunscripción que solicitemos, con los argumentos pertinentes, a los diputados que representan nuestro territorio en la Asamblea Nacional y por los cuales nos toca votar, cada 5 años, que inicien el proceso de revocación de uno o más funcionaros del Consejo de Estado, tal como exige la ley por estar de acuerdo con las razones expuestas por sus electores. Existe un número muy pequeño de diputados a la Asamblea Nacional, en comparación al gran número de circunscripciones que tenemos en el país. ¿Se imaginan que sólo un centenar de asambleas de circunscripción solicitara por escrito a sus correspondientes diputados que inicien la revocación de tal o cual funcionario del gobierno por las razones fundadas que el pueblo considere enumerar y que validen que existe: “Incumplimiento reiterado de las obligaciones derivadas del mandato conferido” (Ley No. 135 artículo 8 inciso a)? Y lo mismo para la revocación de tal o cual funcionario del gobierno municipal o provincial. Cuando dijo Martí: “ser cultos es el único modo de ser libres” (José Martí, artículo “Maestros Ambulantes") no pienso que se refería, precisamente, a la necesidad de leer El Quijote o las obras completas de Shakespeare. Se refería a que, saber lo que se quiere, conocer los medios para alcanzar los fines, es el único modo de lograrlo y, por eso, yo pienso que es necesario conocer nuestras leyes, saber nuestros deberes y nuestros derechos. Esta ley No. 135 existe, porque: “La Constitución de la República establece que los órganos representativos del poder del Estado son electivos y que los elegidos pueden ser revocados de sus cargos en cualquier momento.” (Ley No. 135, primer POR CUANTO). Increíblemente, muchas personas, incluso diputados a la Asamblea del Poder Popular, no saben que existe, ni cómo funciona, y ni por la cabeza les pasa usar esa ley, y no por miedo, sino por desconocimiento.

La situación del país nunca había sido tan grave, en mi opinión, al menos, durante mi vida. Sin embargo, el desgobierno, el caos y la anarquía la podrían empeorar de modo exponencial (o sea, mucho, muchísimo y muchirrisísimo). Por eso, no considero apropiado dar gritos invocando la intervención de los cascos azules de la ONU y requetemenos la intervención de cualquier otro país, lo que violaría, sin discusión, las tres últimas constituciones aprobadas por el pueblo de Cuba: la de 1940; la de 1977 y la del 2019.

Pero hay formas legales de quitarle el mando a los pésimos administradores que están ocupando cargos en el gobierno, y que han demostrado su incapacidad para el cargo que ocupan. Todos y cada uno de los funcionarios del gobierno están ocupando su cargo porque la mayoría de nosotros puso una cruz en una boleta electoral. Y lo hicimos aquí abajo, en la circunscripción. Y, desde aquí abajo, desde los barrios, puede empezar la lucha del pueblo cubano para lograr que los cambios necesarios sean pensados, propuestos y luego aprobados, desde abajo hacia arriba, que es como se hace gobierno cuando es el pueblo, la mayoría, quien está en el poder. Y si Fidel afirmó una vez que cada cubano podía decir: "El Estado soy yo" ¿Cómo osan estos funcionarios creerse que ellos son el gobierno?

Creo que antes de volvernos a alzar en la Sierra Maestra hay que agotar las vías legales que todavía quedan sin usar.

Para la salud de Matanzas y del país necesitamos ayuda y no debe avergonzarnos pedirla y aceptarla, venga de donde venga, porque hasta al gobierno de Los Estados Unidos se le ha brindado nuestra ayuda.

Pero la salud ética y política de la nación, en mi opinión, está en manos de los cubanos. De TODOS los cubanos, pero SÓLO de los cubanos.

Lourdes Rojas Terol

10 de julio del 2021

10:30am


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