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EL BLOQUEO EXTERNO Y EL BLOQUEO INTERNO, a Luis Silva Pánfilo

Hace un par de días, el respetado profesor y humorista Luis Silva se refirió al tema del bloqueo interno. Por las respuestas a ese comentario, me percato de que hay cierta confusión ideológica sobre el tema. Yo no soy Pánfilo. Soy sólo una modesta licenciada en Filosofía marxista-leninista.

El bloqueo del gobierno de los EEUU a Cuba es una medida que causa daño al pueblo cubano y no proporciona ningún beneficio ni al pueblo ni al gobierno de los EEUU. Es, por tanto, por definición, una medida estúpida que sirve de pretexto a muchos funcionarios cubanos para justificar su ineficiencia e ineficacia. Esto último, ha sido reconocido, hace años ya, por el General de Ejército Raúl Castro, que fue quien primero habló (no recuerdo que nadie lo haya dicho antes) del bloqueo interno.

De muchas maneras se expresa este bloqueo interno. Aquí sólo voy a hablar del tema que toca el compañero Luis Silva: la importación de mercancías.

El Ministro de Economía, ha afirmado que no se aprobará que las personas naturales tengan licencia para importar mercancías con destino a la venta, y, mucho menos, que adquieran personalidad jurídica (o sea, que puedan hacer una empresa). Según el Ministro de Economía, la aprobación de la importación de mercancías destinadas al mercado, por parte de particulares, impediría que ese dinero ingresara al presupuesto del Estado y se insertara en el desarrollo de la industria nacional. Para no decir que está completamente equivocado, voy a decir que yo tengo otra opinión. Veremos si, como dijera el compañero Raúl en el 2010, nuestros funcionarios están capacitados para “valorar con mente abierta los criterios de los demás” (Raúl Castro Ruz,  discuro de clausura del 6to congreso de la UJC, abril 2010)

El fenómeno de los cubanos viajando para traer mercancías destinadas a la venta es muy conocido. Los países beneficiados van desde Haití hasta Rusia. No hace falta que cite las cifras escandalosas de dinero que se le escapan al país por este fenómeno. Subir los aranceles y hacer una ridícula lista que especifica hasta cuántos calzoncillos pueden considerarse consumo propio, no ha resuelto el problema, sólo ha aumentado la cantidad de viajes que hay que hacer por año y ha subido el precio de las mercancías en el mercado negro. Estos cubanos no quieren ser ilegales, no por gusto piden que se legalice.

¿Que pasaría si se legaliza? Supongamos que yo tengo el dinero para ir a la Zona Franca de Colón, en Panamá, a comprar X cantidad de mercancías. Ahora mismo, sólo ingreso al presupuesto nacional el dinero de los aranceles, que podría ser más si me permitieran entrar más cosas, pero, como no tengo licencia, no pago un kilo de impuestos, ni sobre mis ganancias, ni sobre la mano de obra que empleo. En cambio, si fuera legal, yo tendría que tener una licencia para vender y tendría que pagar impuestos sobre mis ganancias, además de pagar los aranceles, que serían más porque podría entrar tantas mercancías cuantas mi capital me permitiera. Pero, además, como yo necesito un espacio para exponer y realizar la venta, el estado me podría alquilar un espacio, más dinero para el presupuesto. De hecho, ya existe el mecanismo para que el estado alquile a particulares: espacios de almacenaje !incluso refrigerados!; montacargas, camiones, etc. 

Ustedes me dirán: !pero aún así se estarían dejando una fortuna fuera del país! Y díganme, compañeras y compañeros: ¿en qué se la van a gastar aquí? Ayer mismo una amiga, maestra de primaria, me contaba que nunca había logrado tener tanto dinero en la tarjeta. Y no es que mi amiga Ana haya dejado de ser una manirrota incorregible, sino que no tiene en qué gastarse el dinero: lava con el jabón de la bodega porque no hay detergente; tiene que ahorrar al máximo el champú que le regalaron sus niños; no usa papel sanitario; ya no recuerda el sabor del comino, el orégano y el laurel, sin hablar ya de la vainilla, la nuez moscada y la pimienta; no puede comprarse un dulcecito para merendar por las noches porque la mayoría de los dulceros han parado por falta de materias primas y la panadería ya no vende ni las torticas duras que solía vender. 

Pero, además, hay una forma de favorecer que ese dinero se quede aquí. Más arriba yo mencioné la zona franca de Colón en Panamá. ¿Qué es una zona franca?

“Una zona franca es un territorio delimitado de un país donde se goza de algunos beneficios tributarios, como la exención del pago de derechos de importación de mercancías, así como exoneraciones de algunos impuestos o una diferente regulación de estos. Las zonas francas estarán cerradas, y el perímetro y los puntos de acceso y salida estarán sometidos a vigilancia aduanera.

Las personas, mercancías y medios de transporte que entren o salgan podrán ser sometidos a control aduanero.” (wikipedia)

Hace un montón de años se abrieron zonas francas aquí; conozco, al menos, la de Berroa y la del Wajay. Si permitimos que los cubanos puedan comprar y llamamos a todas esas Samsungs y Yamahas, a tener sus tiendas ahí, estos cubanos podrían comprar sus productos en NUESTRA zona franca. Al salir con la caja de celulares, de la zona franca, tendría que pagar un arancel, que sería un por ciento menor que el del aeropuerto para favorecer que compren acá. También estarían los gastos fijos de esas empresas extranjeras (electricidad, teléfono, combustible, alquiler de espacio), sus licencias de operación, etc. significaría más dinerito que entraría al presupuesto.

Un amigo me objeta, que muchas empresas no podrían venir por las restricciones del bloqueo norteamericano. Es cierto, pero no todas las empresas de este mundo se subordinan al bloqueo y, además, el hecho de que se le venda a particulares, es un argumento, tan bueno como el que más, para aquellas empresas que sí están sometidas al bloqueo. En el año 2003, participé en el montaje del pabellón de los EEUU en la Feria Internacional de La Habana (FIHAV 2003). Era un hecho inédito. El gobierno norteamericano había autorizado la venta a Cuba, con restricciones, es cierto, pero era una oportunidad y se aprovechó (fueron los tiempos del picadillo de pavo “Carolina Turkey”, ¿se acuerdan?). En esa ocasión, tuve la oportunidad de conversar con empresarios cubanos residentes en los EEUU. Estaban muy interesados en entrar al mercado cubano. Somos un mercado nada despreciable, no sólo para los empresarios cubanos, sino también para los sectores de producción agropecuaria norteamericanos.

Por supuesto, habría una lista negativa, que imagino similar a la del trabajo por cuenta propia: no se podrán importar aviones y naves especiales (¿querrían decir “espaciales”?, estos jurídicos…). También habría medidas aduaneras e impositivas, para proteger la industria y la agricultura nacionales.

Desde el punto de vista político, una medida tal tendría gran impacto.. sólo en las relaciones cubano-norteamericanas, el hecho de que empresarios cubanos pudieran invertir en las formas de mercado no estatal podría restarle apoyo al lobby miamense (que me querrán matar ya mismo) y, en general, podría servir para evadir las leyes del bloqueo. No estaríamos abandonando la lucha por que cese el bloqueo, pero esta es una lucha estratégica, mientras que la posibilidad de abastecer nuestras tiendas y terminar con el rosario de calamidades que implica el desabastecimiento, es una cuestión táctica. La combinación dialéctica de la táctica y la estrategia es esencial a la lucha revolucionaria.

La apertura de la posibilidad de importar a través de empresas cubanas no resuelve el problema por dos razones fundamentales. Primero, porque no está aprobada la licencia para el comercio minorista y mayorista de productos industriales (hasta ahora sólo existe para los productos agrícolas). Segundo, porque las empresas no pueden responder a la dinámica y versatilidad del mercado interno. No se trata de quitar esa y poner la otra, (por favor, no sigamos botando el sofá); es una muy buena forma de abastecer a sectores importantes de la economía privada (me resisto al uso de eufemismos como “sector no estatal), a los muchos proyectos que existen y a los que surgirán, tanto en la agricultura como fuera de ella.

Legalizar las figuras de comerciante minorista y mayorista de productos importados, tendría varias ventajas:

1. Entraría más dinero al presupuesto nacional.

2. La actividad comercial dejaría de ser subterránea y se haría transparente.

3. Los comerciantes tendrían su licencia, pagarían sus aranceles y sus impuestos y se ahorrarían la agonía y el estrés de pensar que su carga puede ser decomisada por un kilogramo de más o por un celular repetido. Hace un tiempo fui a recoger unas medicinas que me mandaron de España y vi a una chica con toda una carretilla de paqueticos de kilogramo y medio. Debe ser una pesadilla tanto lo de hacer paqueticos, como para las empresas receptoras procesarlos. Y con el tema de la epidemia, peor aún.

4. Los cubanos que no viajamos podríamos comprar lo que necesitamos sin colas, con garantías, sin miedo a caer en una redada y perder el dinero y el producto.

5. El Estado podría dedicar tiempo y esfuerzos a mejorar los sectores productivos y de servicios que tanto lo necesitan. ¿Por qué el presidente de un país tiene que hablar del desabastecimiento de jabón o de la venta de pizzas precocidas?

6. Mejoraríamos la imagen del país. No es desdeñable. Como nos ven los demás afecta nuestra autoestima. Y yo me siento francamente incómoda cuando una amiga española me dice: “uno sabe que va para Cuba cuando ve la gente con televisores en la cola de embarque”.

Para nadie es un secreto que la subida de los aranceles y las curiosas listas aduaneras, no han detenido el fortalecimiento de la economía subterránea. Los cubanos, tanto residentes en el exterior, como residentes en el país, siguen entrando mercancías destinadas al mercado interno; los cubanos residentes en el país siguen comprando en el mercado informal lo que necesitan. Esto es dañino para el pueblo cubano. Daño económico, que no hay que explicar, lo vivimos cada día; daño político por el malestar que genera y daño moral porque coloca a una gran parte de los cubanos en la situación de tener que delinquir para garantizar la satisfacción de las necesidades (algunas de ellas básicas, como medicinas y hablo por experiencia propia), porque el delito lo cometen tanto los que venden ,como los que compran.

He visto varias mesas redondas sobre la estructuración, reestructuración y recontraestructuración de los subsidios. Eso está muy bien, pero no me queda claro de dónde saldrá el dinero para que el presupuesto subsidie todo eso. Porque las empresas estatales ya empezaron el año un 30 por ciento por debajo de lo esperado y el panorama no apunta a mejorar.

La Constitución de la República establece que la propiedad sobre los medios fundamentales de producción pertenece al pueblo y que el estado administra esos bienes. “Sin embargo, el Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.” (Ernesto Che Guevara, “El Socialismo  y el hombre en Cuba”, Escritos y discursos, Tomo 8, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977). En estos momentos hay un malestar general en el pueblo. El ordenamiento de la tarea es una muestra de los intentos por responder a ese malestar.

Yo no puedo expresar el malestar popular, puesto que nadie me ha dado esa facultad. Sólo puedo expresar mi malestar personal: estoy muy insatisfecha de la gestión de los funcionarios que, ahora mismo, desde diversos cargos en el estado, se encargan de administrar los bienes del pueblo. Es hora ya de que rectifiquen o dejen el espacio a alguien que lo haga mejor.

Lourdes Rojas Terol

20 de marzo del 2021


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