Yo vi, en vivo, el video de la manifestación pacífica de San Antonio de los Baños. Logré ver unos 15 minutos (no podía gastar más datos en eso), y grabar poco más de seis minutos del video. El video que vi y grabé, era de buena calidad, en ángulo abierto y con la cámara en alto, por lo que se podía apreciar, realmente, la cantidad de gente que había. Los manifestantes, por demás, no se mostraban iracundos y hasta escuché gente reír y una mujer mayor poniendo las manos delante de la cámara y diciendo algo tan loco como: “me duelen las manos de tanto gritar”. Jaja, y es que, mientras gritaban batían palmas. En la villa del humor, no es raro que hasta una manifestación de protesta tenga su lado divertido.
Los manifestantes que ayer gritaban, a coro y batiendo palmas: “¡Libertad!”, “¡Patria y Vida!” y “¡Queremos ayuda!”, ni están confundidos ni son contrarrevolucionarios. Las dos primeras son consignas auténticamente revolucionarias, y la tercera, es una manifestación de desacuerdo con la negativa, del gobierno cubano, de que el pueblo reciba ayudas que no vengan por los canales gubernamentales. Escuché a un par de personas gritar el apellido del presidente acompañado de la palabrota que se ha convertido en meme en la voz de Mia. También escuché una persona gritar abajo el comunismo y algunas gritando abajo la dictadura, aunque no a coro.
Por tanto, ayer, al menos en San Antonio de los Baños, las calles fueron tomadas por el pueblo revolucionario y no por algún “grupúsculo” pagado por el gobierno norteamericano. Un pueblo que, por demás, se mostraba sereno, tranquilo y respetuoso de las ideas del otro. Allí no hubo enfrentamiento entre la gente que se manifestaba. No en el video que yo vi.
No obstante, la consigna lanzada por el gobierno: “la calle es de los revolucionarios”, es ilegal, porque viola la Constitución de la Republica en su artículo 42, que dice: “Todas las personas son iguales ante la ley, reciben la misma protección y trato de las autoridades y gozan de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, género, orientación sexual, identidad de género, edad, origen étnico, color de la piel, creencia religiosa, discapacidad, origen nacional o territorial, o cualquier otra condición o circunstancia personal que implique distinción lesiva a la dignidad humana.
Todas tienen derecho a disfrutar de los mismos espacios públicos y establecimientos de servicios. Asimismo, reciben igual salario por igual trabajo, sin discriminación alguna.
La violación del principio de igualdad está proscrita y es sancionada por la ley.”
Las calles son espacios públicos y, por tanto, son de TODOS los ciudadanos cubanos, incluyendo los que, en uso de su derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y expresión, reconocido en el artículo 54, profesan una ideología contraria a la revolución. El lunes, en la conferencia de prensa, el presidente dijo que no había querido decir que los demás no tenían derechos y que la frase lo que quería decir era que la revolución la tenían que defender los revolucionarios. En fin, lo tengo grabado, pero no tengo ganas de copiar todo eso. Lo que sí quiero advertir, es que no se disculpó, una vez más, y que, una vez más, el error es nuestro porque lo malinterpretamos. Le recomiendo al presidente, ya que se dice marxista, que lea un pequeño artículo de Lenin titulado “Acerca de la frase revolucionaria”. Le recuerdo que, para Lenin, “frase revolucionaria” (la usaba entrecomillas porque para él era un término peyorativo) era una consigna obsoleta carente de sentido del momento histórico y de capacidad movilizadora.
Hecha esta precisión, voy a dar mi opinión sobre la manifestación de San Antonio.
Creo que hay que analizar el desencadenante, las causas y el manejo del incidente por parte del gobierno.
En la conferencia de prensa, una periodista se refirió a los apagones como desencadenantes. No estoy de acuerdo. En el incidente de Santiago de Cuba, el día anterior, sí tuvieron un papel los apagones, porque no es necesario tener la mecha tan corta como los santiagueros, para enfrentarte a un par de policías extremistas que vienen a poner multas a gente que está pacíficamente sentada fuera de sus casas esperando que vuelva la luz. Sobre todo, después de ver que el presidente del país se mostró, sin nasobuco rodeado de gente en un parque de la Habana. Y ni se ha disculpado, ni nadie ha dicho que haya tenido que pagar, de su bolsillo, los dos mil pesos que le tocan, como sí tuvo que pagar mi hijo, por bajarse el nasobuco, un momento, para morder un churro, en un lugar que no tenía ni una persona a menos de 50 metros, y tuvimos que pedir el dinero prestado para pagarla, pero la pagó a los dos días.
En mi opinión, el desencadenante ha sido la manipulación de información, en torno al tema de la ayuda humanitaria a Cuba, que se ha hecho, dentro y fuera de Cuba.
¿En qué consiste esta manipulación?
No voy a hablar de los bots, las cuentas falsas, ni de los medios oficiales… etc. Eso son, apenas, los medios, los instrumentos, de la manipulación. La verdadera raíz está en el uso indistinto, en unos casos, y simultáneamente contextual, en otros, de los términos CORREDOR HUMANITARIO e INTERVENCIÓN HUMANITARIA
Para que cualquiera se dé cuenta de la manipulación que se hace por ambas partes basta definir ambos términos:
Cuando uno busca en la Wikipedia la definición de INTERVENCIÓN HUMANITARIA, lo que encuentra es la expresión INJERENCIA HUMANITARIA con la siguiente definición: “La injerencia humanitaria es la intervención en un Estado soberano por uno o varios Estados u organizaciones internacionales, mediante la fuerza armada y sin su consentimiento, con el objetivo de proporcionar a la población civil protección ante la violación masiva y sistemática de sus derechos humanos o bien ante situaciones de emergencia derivadas de una guerra civil, de hambrunas o genocidio, entre otras causas.
La concepción que, según los defensores del concepto, hay detrás de una intervención de este tipo es que existen criterios de humanidad que, en determinadas circunstancias, prevalecen sobre el principio de soberanía de los Estados y el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. Pero otros critican que el Derecho internacional humanitario no puede invocarse para justificar una intervención armada y denuncian que el fin último del término es proporcionar una cobertura de legitimidad al uso de la fuerza.”
Como vemos es un término objeto de controversias. Y yo soy de las que está en contra por principio. Porque estamos en el siglo 21 y va siendo hora de que la inteligencia se imponga y aprendamos a resolver los problemas sin violencia.
En mi Wikipedia en español no viene la definición de CORREDOR HUMANITARIO. En la Wikipedia en inglés on line, el término sólo viene en su acepción original: “un corredor humanitario es un tipo de zona desmilitarizada temporal destinada a permitir el tránsito seguro de ayuda humanitaria dentro y / o refugiados fuera de una región en crisis. Tal corredor también se puede asociar con una zona de exclusión aérea o zona de exclusión”. Según he investigado, el corredor humanitario fue propuesto, por primera vez en la Resolución 45/100 del 14 de diciembre de 1990 de la Asamblea General y, en 1992, fue incluido en el informe titulado “Principios por los que se rige el derecho a la asistencia humanitaria”; estos corredores tienen límites: “a) de tiempo(…); b) de espacio (…); c) de tipo de ayuda”; y, MUY IMPORTANTE: “d) en el ejercicio, la utilización de los corredores humanitarios no debe atentar contra la paz, el orden o la seguridad del estado en el que se establecen; e) por último, el límite deontológico implica el respeto de la imparcialidad, y la obligación de evitar los desvíos de la ayuda". (Bettati, 1995b:37).
Sin embargo, yo estaba convencida de que el término se usaba en otra acepción relacionada con zonas de desastre natural o de emergencia sanitaria, porque desde que empecé a estudiar Permacultura (en 1997 con la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre), empecé a consumir información sobre cooperación internacional, búsqueda de financiamientos, elaboración de proyectos, etc. Por eso me puse a investigar en internet para encontrar confirmación a mi memoria. Y encontré montones de artículos, ensayos y hasta manuales sobre el tema de la ayuda humanitaria y, en efecto, yo tenía razón: con el tiempo se empezó a usar para otras zonas donde existían iguales obstáculos para el normal movimiento de personas y cosas. Es lógico, en zonas de desastres naturales (terremotos, tsunamis y ciclones, por ejemplo), o de emergencia sanitaria, como epidemias, se obstaculiza y se encarece la labor de llevar ayuda a la zona en cuestión. Para que se comprenda mejor: una sequía extrema puede provocar una zona de emergencia sanitaria y, sin embargo, no precisa de la apertura de un corredor humanitario para llevar ayuda a las personas porque se puede llevar de modo normal. Ahora estamos en medio de una pandemia, el movimiento de personas y cosas está obstaculizado, no en una zona específica, sino en el mundo entero. Imaginemos la compleja y cara logística que precisa llevar recursos materiales y humanos, a cualquier zona del planeta. Por eso, como cité en mi artículo anterior, en julio del año pasado se estableció un corredor humanitario que llevó ayuda de República Dominicana a Haití; no es que la República Dominicana mandara recursos a Haití, sino que organizaciones y asociaciones humanitarias que financiaban y ponían los recursos, precisaban de la cooperación y autorización de los gobiernos, para mover los recursos de modo seguro entre un país y el otro. Estas organizaciones y asociaciones, como la Federación de Cruz Roja y Media Luna Roja Internacional, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas y otras, venían trabajando desde el 2019 en una estrategia para crear “Corredores humanitarios en el Caribe”. El modelo se ha desarrollado a lo largo de los años como parte de los planes de preparación para desastres, y se activó durante la pandemia de COVID-19. Raphael Hamoir, Coordinador de desastres de la FICR y encargado de las operaciones en Cuba, República Dominicana y Haití, declaró que: “En el actual contexto de COVID-19, con un solo huracán que tocase tierra podría producirse una situación muy difícil en el Caribe. A través del establecimiento de corredores humanitarios, estamos aumentando el número de opciones, para la obtención de ayuda donde más se necesite”.
Una vez que uno conoce el significado de ambos conceptos es fácil ver la manipulación de unos y otros. Hay que destacar la diferencia CARDINAL entre estos dos conceptos: el CORREDOR HUMANITARIO se establece con la AUTORIZACIÓN Y COOPERACIÓN de los gobiernos implicados y, ni siquiera en zonas de conflicto bélico, va acompañado del uso de armas; la INTERVENCIÓM HUMANITARIA es una INTERVENCIÓN ARMADA SIN EL CONSENTIMIENTO DEL GOBIERNO QUE SE INVADE.
Del lado de acá, tanto el gobierno como los medios oficiales han satanizado el término CORREDOR HUMANITARIO al usarlo indistintamente o junto a la INTERVENCIÓN HUMANITARIA. Y, por supuesto, meten en el mismo saco a quienes están pidiendo corredores humanitarios y a quienes abogan por la intervención humanitaria. Esto no puede ser simple ignorancia. Esto no puede ser un error. Detrás de esta manipulación hay una o, más probablemente, varias mentes malvadas, que persiguen meter el miedo a la intervención en la médula del pueblo cubano, que, mayoritariamente, prefiere la paz. Esto es sectarismo puro y duro. Lo que pretenden es que esa mayoría revolucionaria que ya no los apoya, quede paralizada ante el temor de un mal mayor que sería un enfrentamiento militar en medio de una pandemia. Y esa política sectaria de la que ya he hablado antes, en otros artículos, pretende, no sólo dividirnos entre nosotros sino, incluso, dentro de nosotros mismos, buscando que dudemos de cuál debe ser nuestra posición en estas circunstancias.
Si el funcionario del MINREX Ernesto Soberón Guzmán, ignora la distinción entre los dos términos, y el uso más amplio que tiene hoy el término corredor humanitario, a pesar de que el PMA financia proyectos de Seguridad Alimentaria en nuestro país, no tiene, en mi opinión, la competencia necesaria para el cargo que ocupa, y, si la conoce y la soslaya deliberadamente, para dar al pueblo una información sesgada y manipulada, entonces no debe ocupar ese cargo porque un funcionario que no dice la verdad no sólo está violando el código ético de los cuadros dirigentes, sino que, además, está violando el derecho de todas las personas de nuestro país de “…recibir del Estado información veraz, objetiva y oportuna…” consignado en el artículo 53 de nuestra constitución; tampoco debería ser miembro del partido comunista porque, si bien las calles son de todos, los estatutos del partido establecen el principio de selectividad y sus miembros deben ser revolucionarios y, si revolución es “no mentir jamás ni violar principios éticos”, este funcionario no es un revolucionario. Y el mismo sayo le sirve a todos los funcionarios y periodistas que han usado el término corredor humanitario con la misma ignorancia o mala intención.
Yo pienso que los firmantes de la solicitud de una intervención sanitaria en Cuba (hablo de las personas de carne, huesos y buenas intenciones) son mayoritariamente buenas personas que querían ayudar, unos porque acá tienen familia y amigos y otros porque quieren a los cubanos que, con tanto cariño, han estado en los peores momentos al lado de los pueblos independientemente del gobierno que tuvieran esos pueblos. Pienso que es normal que la gente se confunda porque la inmediatez de las redes hace que se usen palabras como si fueran conceptos y la gente se confunde. Esa misma gente ha oído hablar de intervención quirúrgica (yo sufrí una el año pasado), y, ahora mismo, a la vacunación emergente contra la covid, también se le llama intervención. ¡Cómo para no confundirse!
¿Qué hubiera sido luchar por un corredor humanitario para Cuba? Que los que quieren ayudar les pidieran a organizaciones internacionales como la Cruz Roja y el PMA que establecieran, de acuerdo con los gobiernos (cubano y de otros países), vuelos coordinados que trajeran paquetes de comida y medicamentos, destinados tanto a personas particulares, como organizaciones gubernamentales, no gubernamentales, religiosas, etc. Los donantes costearían los envíos, las organizaciones y asociaciones donantes, podrían encargarse de recaudar los fondos para costear los vuelos y el gobierno cubano suspendería el cobro de cualquier arancel a los destinatarios. Este corredor humanitario sería por un plazo específico de tiempo (como todos los corredores humanitarios) y se podrían reclutar voluntarios de todo el país para ayudar a los aeropuertos en el procesamiento y desinfección de los bultos. Tanto el proceso de envío, como el proceso de entrega podría ser filmado en todo momento para garantizar la transparencia de la operación. Y esa transparencia es necesaria porque gente mala hay, y hasta en el período especial hubo su ladrón que vendió cosas en la calle que venían con la etiqueta: “Donación. Prohibida la venta”. Y la foto de la botella de aceite, que fue vendida por una entidad estatal, teniendo el mismo cartel, no incita a la gente a confiar en un gobierno que ya tiene el precedente de que les vendió comida a los damnificados del tornado de la Habana. Pero fíjense que mi propuesta no discrimina a los que confían en el gobierno. La oportunidad de ser destinatarios de ayuda no debe ser excluyente por ninguna razón, ni por ser gobierno ni por ser opositor, ni por ser estatal o particular.
Si el gobierno cubano hubiera hecho esta propuesta y lanzado la consigna: “¡CORREDOR HUMANITARIO SÍ, INTERVENCIÓN HUMANITARIA NO!!”, todos los que se hubieran negado, se hubieran mostrado en sus verdaderas intenciones.
La lucha ideológica no es sólo de palabras y conceptos, es de hechos. Como dijera Marx: “Las ideas, por tanto, no pueden realizar nada. Para la realización de las ideas, faltan los hombres que ponen en juego una fuerza práctica.” (Carlos Marx y F. Engels: La sagrada Familia, p.92. Ed. Pol., La Habana 1965).
¿Se imaginan lo contentos que se pondrían los cubanos que están en el exterior, y que también están organizados, si pudieran mandar ayuda de manera expedita y directa y sabiendo que la gente acá no tendrá que pagar 130 pesos cubanos por cada kg y medio de comida o medicinas? Y se podrían usar, también, las redes para eso. Solo en Facebook, existen montones de grupos donde se comunican cubanos de acá y de allá sólo porque estudiaron en los camilitos, la Lenin o cualquier instituto o universidad. En esos grupos está expresamente prohibido hacer comentarios políticos, pero de pronto aparece alguien diciendo algo así: “la abuelita de Lourdes Rojas está ingresada y necesita X medicamento que ahora no hay. Por favor, si alguien tiene que se lo lleve a la casa o al hospital tal en la sala mas cual” y, créame, luego aparecen los mensajes: ya le llevamos el medicamento y luego más mensajes de gente informando desde acá a los de allá, del estado de la anciana. Yo me imagino perfectamente a un grupo de esos diciendo: “nosotros nos encargamos del hospital Willian Soler”, los camilitos de acá averiguarían qué urge más en el hospital y allá organizarían la recaudación y los envíos y los designados de acá se organizarían para ver a nombre de quién vienen los paquetes, ¡y estoy convencida de que no se perdería ni una jeringuilla desechable!!!
La manipulación desde fuera.
Para los que impulsan, apoyan o se someten a la agenda gubernamental norteamericana, crear la confusión entre ambos términos persigue “vender” la idea de la necesidad de una INTERVENCIÓN HUMANITARIA en Cuba, como si fuera algo tan pacífico y bienintencionado como lo puede ser el establecimiento de un CORREDOR HUMANITARIO. Todo lo que dijo esta mañana el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, sobre los fines y recursos empleados en la campaña para lograr la intervención humanitaria en Cuba es cierto. Debo reconocerlo a pesar de lo mal que me cae el canciller, desde que, siendo director del periódico Juventud Rebelde, publicó el artículo: “La suspicacia del rebaño”, que se sumaba a la campaña mediática orquestada contra la película “Alicia en el pueblo de maravillas” (no me da pena recordarlo, porque en su momento, lo denuncié en una carta personal de 12 cuartillas que dirigí a todos los órganos de prensa nacionales y a todos los dirigentes desde Fidel hasta el presidente de la UNEAC). No sólo es cierto, sino que no es un hecho ni sorprendente ni aislado.
Los Estados Unidos no han dejado nunca de pretender la hegemonía mundial, pero, desde la década pasada, su estrategia cambió gradualmente, hasta consolidarse en lo que el Pentágono llamó “Estrategia de huella ligera” (en inglés: light footprint). Este es un tema complejo que no ha sido suficientemente estudiado y menos, suficientemente divulgado. En el 2015 le expresé a un amigo, que yo no comprendía por qué, las personas y movimientos progresistas del mundo, no emprendían una campaña de enfrentamiento a esta estrategia como la que, en su momento, se libró contra el ALCA. Pero incluso antes, en el 2010, yo escribí una trilogía de artículos en forma de cartas dirigidas a los revolucionarios cubanos, en la última de las cuales, le dediqué un epígrafe completo al tema de la soberanía y allí afirmé que consideraba que la soberanía del país estaba en riesgo, entre otras cosas: “…porque no me creo el cuento de que el gobierno norteamericano lo está apostando todo a la “solución biológica”, que es como le llaman a la muerte (natural o no) del liderazgo histórico de la revolución. Para cualquiera que haya leído “La CIA y la guerra fría cultural” de Frances Stonor Saunders, o siquiera un poco de la historia del continente y la geopolítica del imperialismo norteamericano, es obvio que nunca se lo han apostado todo a una sola carta y mientras nos duermen con la nana de que no atacarán al país esperando la dicha “solución”, en realidad están apostando más al fomento de la corrupción y a su máxima divulgación, y al caos social. Y quién sabe a cuantas cosas más, ellos siempre tienen un PLAN B, un C y cuando se les acaba el alfabeto no tienen reparo en acudir al alfabeto griego, como los meteorólogos con los ciclones.”
Pero los revolucionarios de Cuba y el mundo, también deben tener en cuenta algunas cosas importantes: primero, que el gobierno norteamericano no es un monolito, sino que está integrado por personas diferentes con características e intereses muy variopintos; segundo: que los estados unidos son un país complejo con un sistema legal tan enrevesado que, a veces, los propios norteamericanos no entienden (una vez tuve que explicarle a una maestra californiana por qué en su país un presidente podía tener mayoría de votos individuales y perder la elección); tercero: que el bloqueo contra cuba y, en particular, la Ley Helms-Burton, han sido heredadas por la actual administración; cuarto: el presidente Biden ganó en unas elecciones extraordinariamente tensas y, en particular, la ultraderecha de la Florida todavía está rumiando la derrota y tratando de hacer su trabajo lo más difícil y cuestionable posible; quinto: y me parece el más importante, Cuba está muyyyy abajo en las prioridades de esta administración, al menos, en este momento.
El avance que logró la campaña SOS Cuba, no se debió sólo a que usaran técnicas de manejo de redes ya bastante conocidas, sino a que apostaron, gracias al tema del humanitarismo, a lo que se ha dado en llamar el “síndrome CNN” y que consiste en que organizaciones y asociaciones que persiguen agendas políticas muy ajenas al humanitarismo, (no todas son norteamericanas), de pronto, despliegan campañas mediáticas dirigidas a alguna región que, por cualquier razón, ha sido noticia. El síndrome CNN hace que, tristemente, muchas veces las ayudas se concentren en algunas regiones, mientras otras, que están peor aún, no reciben nada.
La otra razón importante es que, mientras los que orquestaron la campaña SOS Cuba, cuentan con muy buenos expertos en manipulación, nuestros funcionarios y periodistas son muy malos en lucha ideológica. Lo apostaron todo a denunciar la campaña y a repetir que, en lugar de pedir ayuda para Cuba, debían pedir al presidente Biden que quitara el bloqueo.
Yo les pregunto a todos los funcionarios y periodistas que han planteado esta exigencia, incluyendo al presidente Díaz-Cannel:
a) ¿se han leído bien las leyes norteamericanas relacionadas con el bloqueo y, en particular la Ley Helms-Burton?
b) ¿tienen en cuenta que estas leyes fueron aprobadas por el Congreso y el Senado norteamericanos?
c) ¿tienen en cuenta que Los Estados Unidos de América son un estado soberano y que todos y cada uno de sus ciudadanos, incluyendo el presidente Biden, les deben obediencia a sus leyes aun cuando estén en desacuerdo?
d) ¿acaso ignoran que para quitar el bloqueo el congreso de Los Estados Unidos tiene que aprobar otra ley que derogue las anteriores?
e) ¿por qué tratan de hacerle creer al pueblo cubano y a los que lo apoyan en el mundo,que está en manos del presidente Biden quitar el bloqueo, cuando la ley Helms-Burton deja muy claro que el presidente sólo podrá proponer la suspensión de cualquiera de los títulos de esta ley cuando pueda probar por escrito al congreso que en Cuba ha habido elecciones pluripartidistas?
f) ¿por qué tratan al actual presidente de Los Estados Unidos con una virulencia que linda con el irrespeto?
Ya se está proponiendo una ley para el comercio con Cuba que derogaría el bloqueo. Eso se ha hecho antes y no han logrado mayoría. Es una lucha difícil para los partidarios de la normalización de las relaciones con Cuba. ¿Y ustedes pretenden hacerle ver al pueblo de Cuba y a los partidarios de Cuba, que Biden es cómplice de los neocons que están detrás de las campañas que se orquestan contra Cuba?
Los que están llevando adelante la estrategia contra Cuba son malvados porque hacen daño buscando un beneficio.
Pero el gobierno cubano tampoco es un monolito. Hay una minoría de inteligentes que buscan un beneficio y son los que están detrás de los escasos y lentos avances que se han logrado para beneficiarnos. Hay incautos que tratan de hacer todo el bien que pueden incluso sin obtener ningún beneficio y muchos de estos incautos lo son por ignorancia. Hay malvados que están haciendo daño para obtener beneficios y que manipulan a los estúpidos y los incautos. Y creo que, desgraciadamente, hay en nuestro gobierno una mayoría de estúpidos que hacen daño sin obtener ningún beneficio. Y no puedo ni decir que al que le sirva el sayo que se lo ponga porque si bien los incautos, los inteligentes y los malvados saben que lo son, los estúpidos no son conscientes de que son estúpidos y no se van a dar por enterados.
En resumen, creo que el desencadenante de las manifestaciones ha sido la manipulación por ambas partes. Pero el discurso y la actuación del gobierno cubano, han sido los que les han puesto el puente de plata a la ultraderecha y confundieron más a los revolucionarios en Cuba y fuera de Cuba, de lo que Stalin confundió a los comunistas del mundo cuando firmó el pacto con Hitler.
Les debo el análisis de las causas de la manifestación y del manejo de la crisis por parte del gobierno.
No se preocupen que soy buena paga.
Lourdes Rojas Terol
(Empecé el domingo por la noche y acabo de terminar hoy miércoles 14 de julio. ¡qué casualidad! Hoy es el aniversario de la toma de La Bastilla. Vale la pena recordarlo para que nadie dude que los cubanos tenemos la valentía y la inteligencia para lograr el país mejor que queremos para todos sin que corra tanta sangre)
Genial,no la conocía cuando comencé leer pensé que era jurista,al entrar en su perfil me entero de su Licenciatura en Filosofía Marxista y créame que la admiro por sus criterios,su valor,su sabiduría,su patriotica y
ResponderBorrarminuciosa visión de la compleja telaraña que envuelve éste largo calvario de las relaciones Cuba/USA.También me simpatiza por su preferencias musicales.Un saludo cordial
Muchas gracias. Ahora estoy un poco enferma con amebas. En cuanto mejore seguiré escribiendo. Sólo pretendo ayudar a pensar dialecticamente, eso es muy difícil, sobre todo si una no se dirige al mundo académico. Lo que me importa es que se entienda lo que digo tengo amigos de todas las profesiones y oficios. Si mi bodeguera me entiende entonces creo que lo hice bien. Ya si está o no de acuerdo conmigo es menos importante, no pretendo tener la verdad sino solo un punto de vista. Del encuentro de puntos de vista diferentes sale la verdad.
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