Muchas de las personas que no tienen un pariente cercano en algún nivel del sistema escolar y que no trabajan en alguna de nuestras escuelas, piensan que nuestro sistema de educación debe estar en algún punto posterior al nivel alcanzado cuando nosotros mismos éramos estudiantes, y que muchos de los defectos que sufrimos ya se habrán subsanado, porque, parafraseando al Conde de Montecristo: ¿de qué sirve ser ministro 50 años después de Armando Hart si no se van a hacer las cosas mejor que él? Sin embargo, todo el mundo nota la involución que experimenta la sociedad cubana en materia de educación. Todo es peor: lenguaje, modales, conocimiento, valores. Y el pueblo cubano piensa mucho y es muy autocrítico, todo el tiempo la gente discute sobre ese problema y apunta hacia todo tipo de causas posibles: crisis económica, disfunciones familiares, mal manejo de los medios de difusión, pero la escuela parece estar encerrada en una burbuja que, como Hamlet, lanzamos hacia arriba una y otra vez mientras buscamos respuestas mirando hacia otro lado. Y, en mi opinión, uno de los problemas más graves que tiene la sociedad cubana actual es ése: la educación en Cuba no es una burbuja, ES UN GLOBO gigantesco que si no lo pinchamos ahora cualquier día nos estalla en la cara.Cierto es que la educación no existe aislada y que todo lo que afecta a la familia y la sociedad se lo siente la escuela, pero no creo que eso baste para explicar el fenómeno actual. Cuando era estudiante (nací en 1962), también el país era pobre, faltaban maestros, había menos escuelas y la incorporación masiva de la mujer al trabajo dio al traste con una buena cantidad de matrimonios. Yo tuve maestros emergentes, sólo que entonces se llamaban “maestros de cursillos”, y esto quería decir que pasabas un curso de 6 meses y te convertías en maestro, tuve maestros “Makarenko”, y estudiantes o recién graduados del destacamento “Manuel Ascunce”. Recibí clases en aulas con matrículas de más de 40 estudiantes, no teníamos todos los libros de texto y, a veces, para una tarea había que hacer cola en la biblioteca, de hecho, el fin de semana, la Biblioteca Nacional se llenaba de estudiantes que, como yo, por estar becados, no tenían otro momento para hacer su tarea y el libro en cuestión no estaba en la escuela. No obstante, pese a la poca preparación de nuestros maestros, el divorcio de nuestros padres y la falta de textos, cuando llegué al 10mo grado que mi hijo cursa actualmente, mi generación se pasaba papelitos con versos de Bécquer y Neruda, podíamos representar “Abdala”, Cecilia Valdés y hasta la “Casa de Muñecas” de Ibsen, jugábamos a ponerles a nuestros futuros hijos nombres de capitales y accidentes geográficos y nos poníamos nombretes con fenómenos físicos o raras especies animales. La Historia era un ladrillo, fuera local o universal, pero había que aprobarla y, al menos, sabíamos que Espartaco no era negro, que Martí no fue amigo de Bolívar y que el enemigo principal en la 2da. Guerra Mundial era el fascismo alemán (claro, también habíamos tenido que estudiar “Reportaje al pie de la horca” de Julius Fucik).En mi opinión, los problemas fundamentales de la educación en nuestro país son:1.- Está cambiando el encargo social, o sea, lo que la sociedad y el gobierno cubanos quieren de la educación.2.- Se agudiza la contradicción entre el discurso académico, cada vez más cientificista, y la práctica escolar, cada vez más escolástica.3.- Nuestros hijos están siendo víctimas de experimentos muy costosos no sólo para ellos mismos, sino más aún, para la sociedad.4.- Las organizaciones estudiantiles han perdido su autonomía y no representan los intereses de los estudiantes.
EL ENCARGO SOCIAL
En primer lugar, yo no sé lo que quiere el pueblo de Cuba, porque para saberlo precisaría hacer encuestas para las que no estoy autorizada, aunque puedo apuntar algunos síntomas: por una parte, la mayoría de la gente mantiene un discurso que todavía parece aspirar al ideal de “hombre-nuevo” y una parte se sacrifica por los hijos y tratan de que estudien y sean personas buenas, y honradas, pero, detrás de la fachada, hay un aumento de los padres que sienten a los hijos como una carga y que los instan a convertirse en trabajadores de un oficio que dé dinero o, en el caso de las hembras, a que busquen un matrimonio ventajoso, para ellos los problemas escolares de los muchachos son como moscas: molestas pero espantables. Debe ser por eso que la sociedad no se escandaliza y casi ni se percata del cambio de discurso de nuestro gobierno; si empezando el milenio todavía Fidel hablaba de que el país se convirtiera en una gigantesca universidad, ahora se dice que lo que hace falta son obreros en los talleres y en los campos. En consecuencia, a la educación se le aplicó una reducción de plantillas que incluyó a las asistentes educativas de la primaria, la carencia de maestros se ha convertido en una enfermedad endémica de nuestras escuelas, no sólo por la sistemática deserción, sino porque los territorios, al trabajar con una plantilla mínima, no cuentan con una reserva para hacer frente a este problema, no hay presupuesto y tampoco para estimular salarialmente la superación de los que están frente a las aulas sin la preparación suficiente, en realidad, la diferencia salarial entre los que tienen el título y los que no lo tienen es tan mínima que muchos no quieren hacer el sacrificio y las direcciones no se los pueden exigir porque no los pueden sustituir. Por otra parte, diversos funcionarios refieren como un logro que haya aumentado la matrícula en la enseñanza técnico-profesional, que es el nuevo eufemismo que se usa para designar los cursos de obreros calificados. Lo que se soslaya, prudentemente, es que este logro se debe a que el preuniversitario redujo su matrícula a un 30%, por lo que estudiantes con 90 puntos de promedio van a parar a la “enseñanza técnico-profesional”, conocidas popularmente (el pueblo de Cuba tiene una lengua…) como escuelas de oficios. Si la educación para adultos no hubiera reducido de una manera tan drástica sus opciones, ello no sería tan grave, siempre existieron las escuelas de oficios, o escuelas taller, para los que decididamente no querían estudiar, y hubo innumerables institutos tecnológicos de todo tipo que implicaban que el graduado salía bachiller y con una calificación para trabajar, aquellos más esforzados, optaban por los Cursos para Trabajadores y se graduaban con un poco más de 30 años como universitarios de casi cualquier especialidad, por ejemplo, mi profesor de Física de 12 grado era graduado de esa especialidad en CPT, de hecho se graduó siendo profesor de mi escuela. Así, el país pudo contar con ingenieros que estudiaron desde las obras, las fábricas y los “consolidados” de reparación. En cambio, con el material humano que terminó la secundaria con mi hijo, en tres años tendremos albañiles, plomeros y carpinteros, que no sólo no serán bachilleres, sino que serán analfabetos funcionales.El discurso oficial insiste en la necesidad que el país tiene de trabajadores, refiriéndose con eso a trabajadores manuales, como si el resto de los trabajadores que se ganan la vida desde las aulas hasta las oficinas, desde los centros de investigación hasta los hoteles, no fueran importantes para el desarrollo del país. Casi que aspirar a ser universitario o a tener un hijo que lo sea se ha convertido en un “problema ideológico”, en una traición al proletariado, lo que antes fue un orgullo para los trabajadores ahora está destinado a inspirar sentimientos de culpa. Este discurso es demagógico y falaz. El país, para desarrollarse necesita inteligencia y cultura, necesita personas con un sistema de valores nucleado por el sentido de la responsabilidad y la solidaridad y con conocimientos suficientes como para asimilar una realidad cambiante y con exceso de información, personas preparadas para adaptarse rápidamente y tomar decisiones con conocimiento y firmeza. Eso requiere nuestro país para sobrevivir como sociedad independiente en un mundo globalizado. Y eso no se puede lograr disminuyendo los niveles de instrucción, educación y cultura de la sociedad.
EL DISCURSO ACADÉMICO Y LA PRÁCTICA ESCOLAR
El discurso académico se llena de términos -que muchas veces resultan esotéricos no sólo a los padres sino también, lamentablemente, a muchos maestros- como: personalidad, cognición (y hasta metacognición), caracterización, tipología etc.-, que nos hacen sentir como si en vez de un niño hubiéramos dado al mundo un espécimen clonado. Tales términos se fundamentan y, a la vez, justifican, la cantidad de abreviaturas que hoy precede los nombres de muchos que en mi infancia fueron “maestros de 5 picos”, eso sería genial sino fuera porque rara vez esas abreviaturas preceden hoy, los nombres de los que están frente a las aulas en la primaria, la secundaria y el preuniversitario. Estos títulos se encuentran con más frecuencia en los distintos niveles de dirección del Ministerio de Educación. Para colmo de males, con la actual reducción de plantillas, algún sesudo determinó que las auxiliares pedagógicas, por ejemplo, sobraban y, por ende, ya los maestros no disponen de tiempo para alcanzar esos títulos, sin hablar de los conocimientos que los acompañan. Pero todos los títulos de masters y doctores se disuelven cuando uno les plantea una interrogante muy sencilla: ¿por qué mi hijo no puede tener el pelo largo en la escuela? Respuesta: porque está escrito en la Resolución para el Uso del Uniforme escolar. ¿Y por qué está escrita en esa Resolución del Ministerio una regla obligatoria sólo para varones? ¿Cuál es la lógica y la necesidad que está detrás de esa norma? Respuesta: aquí la pantalla se pone azul y aparece un cuadro de diálogo que sólo dice: MEMORIA INSUFICIENTE. En efecto, en septiembre del 2011, dirigí una carta a la ministra de educación cuestionándome la relevancia, la pertinencia, y, sobre todo, la legalidad, de la resolución que dictamina las reglas para el uso del uniforme escolar. Hoy, en mayo del 2012, todavía no tengo respuesta y no porque no lo hayan intentado, hemos tenido dos reuniones en el Ministerio de Educación, y una, el pasado 13 de marzo, en la sede de la Asamblea Nacional, y al final nos dicen que no tienen respuesta, de hecho, cada reunión sólo ha servido para que nuestros funcionarios aplacen el término legal en que deben darme una respuesta, el último plazo vencerá a fines de este mes. Por lo pronto, ya tengo el criterio de la compañera Doralys, Diputada a la Asamblea Nacional que, como miembro profesional, atiende el tema de la educación desde nuestro Parlamento: ella afirma que: “si quitamos el uniforme escolar se acaba la educación en Cuba”. ¿A qué se debe esta hiperbolización? A que se considera que el uniforme es símbolo de IGUALDAD, o sea, mantener el uniforme significa mantener la igualdad de los estudiantes. Pero, todos reconocen que esta IGUALDAD no es real e, incluso, como apariencia, es insuficiente, porque los muchachos saben que no es lo mismo usar tenis chinos que “Converse” y saben, más allá de cómo se vistan, quién tiene playstation y quién no. Y aquí es donde verdaderamente yo entro en contradicción con el sistema escolar, yo veo en este afán por ocultar la desigualdad social un problema ideológico y cívico muy importante: ¿deben los revolucionarios luchar por la igualdad real o por mantener la apariencia de igualdad? Por supuesto que admitir la desigualdad es traumático para una sociedad que ha vivido décadas en una utopía igualitarista, pero, para un marxista, la desigualdad social es un fenómeno inherente al sistema de distribución socialista: de cada cual según su capacidad, a cada cual según su, trabajo; hasta mi hijo de 15 años comprende que si dos personas, A y B, reciben el mismo salario por el mismo trabajo, pero A tiene tres hijos mientras que B tiene uno solo, B tendrá ventajas económicas y mejor calidad de vida. ¿En qué consiste la verdadera igualdad? Aunque usen o no uniforme, los hijos de A y B tienen que ir a la misma escuela y, por tanto, la calidad de la enseñanza es objeto de preocupación para ambos por igual, puesto que la ventaja económica no le da al solvente B la posibilidad de pagar por una escuela mejor, lo que sí puede es pagar un profesor particular que compense la mala calidad de la escuela. Y aquí es donde A y B pueden demostrar si son o no revolucionarios, si no lo son se contentarán con la apariencia de igualdad, en cambio, si somos auténticamente revolucionarios diremos: me importa un carajo como se visten, pero la ventaja académica y, por tanto, la continuidad de estudios, debe ser para el más capaz y no para el que le puedan pagar clases particulares y eso depende de la calidad de la enseñanza y no del “uso correcto del uniforme escolar”.Pero, además, y esto también es tema para el debate ideológico, el reglamento para el uso del uniforme escolar, siendo un documento marcado por el subjetivismo, la mojigatería y el conservadurismo, ha devenido instrumento de dominación y aplastamiento de la individualidad. Nuestras escuelas se convierten, cada vez más, en centros de amaestramiento y domesticación. Esto provoca actitudes rebeldes a ultranza, apáticas e hipócritas, y eso, -los masters lo saben-, es distorsionante para la personalidad en formación. La imposición, el autoritarismo, son la mejor manera de acabar con la creatividad, la iniciativa y la honestidad. Como afirmé una vez: si en el 59 los revolucionarios convirtieron los cuarteles en escuelas, en el 2012 el MINED, nos está convirtiendo las escuelas en cuarteles.Hay otra objeción que yo hago al reglamento para el uso del uniforme escolar y es el problema del DERECHO. La resolución para el uso del uniforme escolar convierte el uso del uniforme y todo lo que lo rodea en algo obligatorio, o sea, los que violen este reglamento no tienen derecho a estar en la escuela y, de hecho son sacados de ella, cuando los padres defienden la postura del hijo, se les permite asistir, pero lo acosan sistemáticamente y le quitan puntos en la evaluación. Por tanto, el MINED pretende colocarle una salvedad al derecho al estudio: si eres varón y te gusta el pelo largo o a tu directora no le gustan “los pinchos”, pierdes el derecho a entrar a tu escuela y te quitan puntos en el “componente educativo”. Pero esta pretensión es ilegal. Para modificar cualquier artículo de la Constitución que se refiera a los derechos fundamentales se requiere un referéndum. Y esto es contraproducente: ¿para qué se les enseña cívica si en la práctica cotidiana la escuela puede botarlos porque se pusieron un piercing convirtiendo la Constitución, de hecho, en letra muerta?
LOS EXPERIMENTOS
1.- la idea de los “15 alumnos por clase” en la secundaria, no fue viable en la práctica –se hubiera necesitado multiplicar el número de aulas-, y pronto se convirtió en aulas de 30 estudiantes con dos maestros “integrales” que les daban todas las asignaturas. Se suponía que las tele clases serían una ayuda, pero con un televisor para 30 estudiantes la mayor parte no ve o no oye, se aburren, buscan en qué entretenerse y pronto ya nadie ve ni oye nada, luego los maestros descubrieron la ley de que las formas de pasar el tiempo son equivalentes entre sí, y pronto dejaron de poner las tele clases. Por qué se siguen dilapidando los recursos del país en ese empeño en algo que escapa a mi comprensión. Las consecuencias son graves: cuando yo estudié en secundaria, tuve un profesor por asignatura y podía darse el caso de que alguna asignatura tuviera malos profesores en un grado, pero profesores buenos de la misma asignatura en otro grado compensaban eso; al final, uno obtenía bastantes conocimientos con ese sistema. Ahora, a dos profesores por grado, te tocan 6 en toda la secundaria, para todas las asignaturas básicas, por ley de probabilidades, la oportunidad de aprender algo se reduce drásticamente. Es dramático que todavía haya quien se pregunte por qué los jóvenes parecen cada vez más idiotas y hasta buscan explicaciones en el reguetón y los juegos digitales. La preferencia por el entretenimiento fácil y banal es consecuencia y no causa de la falta de conocimientos.2.- El programa de estudios siguió el camino de la música y empezó a practicar la “fusión”: en vez de Literatura, Español-Literatura; en vez de Física, Química, Geografía y Biología, surgió un engendro diabólico llamado “Ciencias Naturales”, hace poco, a alguien le pareció excesivo y ¡qué maravilla!, sacaron a la Geografía del potaje, pero con un programa que no es mucho menos superficial, (en 10mo grado, mi hijo está recibiendo Historia Contemporánea, pero como no sabe Geografía la idea que tiene de dónde estaban los países que integraban el campo socialista es bastante vaga); además, se malgasta su tiempo y el de los profesores en una cosa, (de la variedad de barnices y esmaltes de bajo costo), llamada “Encuentro con la Historia de mi Patria”. Los metodólogos parecen no haber descubierto, que para los niños y jóvenes resultan más insoportables las asignaturas “babosas” que las “ladrillo”, éstas últimas, al menos, ofrecen un reto, obligan al esfuerzo, las babosas, en cambio, se pueden aprobar con trabajos prácticos de COPIAR-IMPRIMIR y le crean al estudiante el debido rechazo que a una inteligencia sana y normal le provoca la estupidez. En esta categoría de “baba” cae “Cultura Política”, dicen que la ignorancia es dicha, quizás si yo no hubiera estudiado Filosofía no me resultaría tan traumático que a mi hijo le enseñaran que los materialistas son los que no creen en las ideas y los idealistas los que no creen en la materia, sin contar con que el libro de texto no sólo tiene “El Capital”, sino que, además, lo redujeron a 3 páginas sin siquiera poner puntos suspensivos para indicar la discontinuidad del texto, ¡pa´qué te cuento que si te cuento lloro! La incoherencia de los programas de estudio es tal, que en 10mo grado este curso Química, como asignatura independiente, empezó con Química orgánica, yo me escandalizo: ¡cómo Química Orgánica si en ese engendro de “Ciencias Naturales” ustedes no estudiaron el mínimo imprescindible de Inorgánica!”, menos de un mes después mi hijo me “tranquiliza”: “no te preocupes mamá, ya volvimos a la Química Inorgánica”. ¡Pero, bueno! Ya esto no cae en el terreno de la experimentación, que me perdonen los académicos, pero esto es mera improvisación que ni siquiera alcanza categoría de empirismo. No quiero hablar de lo que para la cultura general e incluso para la formación de valores significa haber quitado la Literatura como asignatura y que mi hijo estudie la Ilíada, por la película de Hollywood en vez de por el libro, se sabe la importancia que tiene la lectura para el dominio de la lengua materna y el aprendizaje en general -incluso de las matemáticas-, y para la estructuración de los valores, -a partir de una mejor comprensión de conceptos éticos abstractos por medio de ejemplos vivos en personajes de distinta catadura moral-; pero esto es algo que viene en apoyo de mi tesis: mientras más se habla de la importancia de la lectura más se aleja la escuela de la literatura. He ahí un ejemplo vivo del divorcio entre el discurso y la práctica.3.- El sistema de evaluaciones. Si los estudiantes salen del sistema de la enseñanza sin los conocimientos, pero con el certificado del nivel vencido, no hay que ser un experto para saber que el sistema de evaluaciones está mal. Pero no creo que se trate de un problema técnico, sino de un problema ÉTICO. Cuando yo era estudiante, los que no sabían suspendían y repetían el grado, en primaria, si llegabas a 6to. Grado con 16 años, te tocaba la escuela taller que te calificaba para un oficio; en secundaria, si no aprobabas no llegabas al pre, las niñas iban para cursos de corte y costura o de gastronomía y los varones para el Servicio Militar y a trabajar. ¿Qué pasa ahora? Cada suspenso crea una catástrofe que hay que analizar, sobre el maestro llueven las recriminaciones porque “no trabajó lo suficiente” con el alumno y su familia, en fin, se arma la de San Quintín. La presión es extraordinaria también sobre las Direcciones Municipales, sobre metodólogos, inspectores y directivos. Como consecuencia, las evaluaciones sistemáticas se diseñan para que el estudiante apruebe y se concentra el esfuerzo de los maestros en aquellos aspectos específicos de un tema que constituyen “objetivos” de la asignatura y que se sabe vienen en los exámenes que bajan de arriba. En la secundaria de mi hijo, los maestros tranquilamente le “soplaban” las respuestas a los estudiantes, incluso de manera masiva, poniendo las respuestas en la pizarra o dictándolas; el ministerio de Educación ya no sabe qué inventar para impedir el fraude, hasta intercambian a los maestros para cuidar exámenes y para calificar, pero el fenómeno no se detiene, porque la evaluación del maestro sigue dependiendo de la cantidad de suspensos: tienes muchos suspensos eres un mal maestro, tus estudiantes aprueban no tienes lío. A pesar de esto, yo no sé hasta qué punto al Ministerio de Educación le preocupa realmente el fraude cuando en la secundaria a mi hijo le dieron el máximo de puntos por asignaturas como Informática e Inglés de las que no recibió clases ni fue examinado. Con los nuevos sistemas de evaluación para qué los estudiantes tendrían que leer, si hasta pueden prescindir del esfuerzo de interpretar un texto puesto que, en el examen, se le pedirá que diga si las interpretaciones del texto que les dan son verdaderas o falsas. ¡Las interpretaciones ajenas! Tampoco tienen que escribir mucho, en ninguna asignatura: predominan las preguntas de marque con una cruz, enlaza dos columnas de texto, rellena el espacio en blanco, etc. y donde hay que argumentar o redactar el profesor le pedirá a los estudiantes que escriban lo menos posible para que no suspendan por faltas de ortografía.
LAS ORGANIZACIONES ESTUDIANTILES
En la primaria, la secundaria y el preuniversitario, las organizaciones estudiantiles no representan los intereses de los estudiantes sino los del Ministerio de Educación, o sea, los del gobierno. Las manifestaciones de este fenómeno son obvias:1.- los estudiantes no pueden reunirse sin un profesor, casi siempre la profesora guía.2.- la profesora guía impone su criterio sobre la evaluación de los estudiantes.3.- en el pre de mi hijo la profesora es quien recoge la cotización.4.- los estudiantes no pueden elegir los dirigentes a su criterio, si el profesor veta la elección los estudiantes tienen que elegir a otro. En consecuencia, los dirigentes estudiantiles son acomodaticios y complacientes con el sistema de educación. Esta es la mejor manera de preparar a los futuros oportunistas y arribistas. ¡Y luego hay quién se pregunta de dónde salen los Lage y los Pérez Roque! ¡Si este tipo de seres son los que más posibilidades tienen de sobrevivir y desarrollarse con este sistema de educación!5.- los dirigentes de las organizaciones sólo se dedican a reprimir a los estudiantes y someterse a las presiones de los maestros.6.- los estudiantes no se consideran representados por las organizaciones estudiantiles, para ellos forman parte del mismo cuerpo represivo y les hacen rechazo.Se podría escribir un libro sobre cómo el conservadurismo, la intolerancia y toda sarta de prejuicios, se han impuesto en nuestro sistema educacional. Con semejante estilo de educación con molde no se obtendrán personas cultas y libres sino sumisas y amaestradas, sin iniciativa ni creatividad. Muchas personas bien intencionadas me reprochan que me desgaste en la lucha en defensa del pelo de mi hijo, pero no se trata del pelo: mi hijo no quiere ser, y sus padres no queremos que sea, un ladrillo en un muro. Esta amenaza pende sobre el futuro del país y, aunque parezca un tema secundario, en mi opinión, en la educación actual nos estamos jugando la independencia de la nación y a cualquier cubano martiano le debería preocupar eso aunque haya funcionarios en el ministerio de educación que consideren que Martí “escribió para su época” y que no es aplicable a la actualidad. Y esto no es una metáfora, me lo dijeron en el MINED en noviembre del 2011.Así conmemoramos el aniversario 117 de la muerte de Martí sepultando su pensamiento bajo el cemento de los patios de las escuelas mientras los niños le ponen flores a una cabeza hueca.Lourdes Rojas Terol19 de mayo del 2012
EL ENCARGO SOCIAL
En primer lugar, yo no sé lo que quiere el pueblo de Cuba, porque para saberlo precisaría hacer encuestas para las que no estoy autorizada, aunque puedo apuntar algunos síntomas: por una parte, la mayoría de la gente mantiene un discurso que todavía parece aspirar al ideal de “hombre-nuevo” y una parte se sacrifica por los hijos y tratan de que estudien y sean personas buenas, y honradas, pero, detrás de la fachada, hay un aumento de los padres que sienten a los hijos como una carga y que los instan a convertirse en trabajadores de un oficio que dé dinero o, en el caso de las hembras, a que busquen un matrimonio ventajoso, para ellos los problemas escolares de los muchachos son como moscas: molestas pero espantables. Debe ser por eso que la sociedad no se escandaliza y casi ni se percata del cambio de discurso de nuestro gobierno; si empezando el milenio todavía Fidel hablaba de que el país se convirtiera en una gigantesca universidad, ahora se dice que lo que hace falta son obreros en los talleres y en los campos. En consecuencia, a la educación se le aplicó una reducción de plantillas que incluyó a las asistentes educativas de la primaria, la carencia de maestros se ha convertido en una enfermedad endémica de nuestras escuelas, no sólo por la sistemática deserción, sino porque los territorios, al trabajar con una plantilla mínima, no cuentan con una reserva para hacer frente a este problema, no hay presupuesto y tampoco para estimular salarialmente la superación de los que están frente a las aulas sin la preparación suficiente, en realidad, la diferencia salarial entre los que tienen el título y los que no lo tienen es tan mínima que muchos no quieren hacer el sacrificio y las direcciones no se los pueden exigir porque no los pueden sustituir. Por otra parte, diversos funcionarios refieren como un logro que haya aumentado la matrícula en la enseñanza técnico-profesional, que es el nuevo eufemismo que se usa para designar los cursos de obreros calificados. Lo que se soslaya, prudentemente, es que este logro se debe a que el preuniversitario redujo su matrícula a un 30%, por lo que estudiantes con 90 puntos de promedio van a parar a la “enseñanza técnico-profesional”, conocidas popularmente (el pueblo de Cuba tiene una lengua…) como escuelas de oficios. Si la educación para adultos no hubiera reducido de una manera tan drástica sus opciones, ello no sería tan grave, siempre existieron las escuelas de oficios, o escuelas taller, para los que decididamente no querían estudiar, y hubo innumerables institutos tecnológicos de todo tipo que implicaban que el graduado salía bachiller y con una calificación para trabajar, aquellos más esforzados, optaban por los Cursos para Trabajadores y se graduaban con un poco más de 30 años como universitarios de casi cualquier especialidad, por ejemplo, mi profesor de Física de 12 grado era graduado de esa especialidad en CPT, de hecho se graduó siendo profesor de mi escuela. Así, el país pudo contar con ingenieros que estudiaron desde las obras, las fábricas y los “consolidados” de reparación. En cambio, con el material humano que terminó la secundaria con mi hijo, en tres años tendremos albañiles, plomeros y carpinteros, que no sólo no serán bachilleres, sino que serán analfabetos funcionales.El discurso oficial insiste en la necesidad que el país tiene de trabajadores, refiriéndose con eso a trabajadores manuales, como si el resto de los trabajadores que se ganan la vida desde las aulas hasta las oficinas, desde los centros de investigación hasta los hoteles, no fueran importantes para el desarrollo del país. Casi que aspirar a ser universitario o a tener un hijo que lo sea se ha convertido en un “problema ideológico”, en una traición al proletariado, lo que antes fue un orgullo para los trabajadores ahora está destinado a inspirar sentimientos de culpa. Este discurso es demagógico y falaz. El país, para desarrollarse necesita inteligencia y cultura, necesita personas con un sistema de valores nucleado por el sentido de la responsabilidad y la solidaridad y con conocimientos suficientes como para asimilar una realidad cambiante y con exceso de información, personas preparadas para adaptarse rápidamente y tomar decisiones con conocimiento y firmeza. Eso requiere nuestro país para sobrevivir como sociedad independiente en un mundo globalizado. Y eso no se puede lograr disminuyendo los niveles de instrucción, educación y cultura de la sociedad.
EL DISCURSO ACADÉMICO Y LA PRÁCTICA ESCOLAR
El discurso académico se llena de términos -que muchas veces resultan esotéricos no sólo a los padres sino también, lamentablemente, a muchos maestros- como: personalidad, cognición (y hasta metacognición), caracterización, tipología etc.-, que nos hacen sentir como si en vez de un niño hubiéramos dado al mundo un espécimen clonado. Tales términos se fundamentan y, a la vez, justifican, la cantidad de abreviaturas que hoy precede los nombres de muchos que en mi infancia fueron “maestros de 5 picos”, eso sería genial sino fuera porque rara vez esas abreviaturas preceden hoy, los nombres de los que están frente a las aulas en la primaria, la secundaria y el preuniversitario. Estos títulos se encuentran con más frecuencia en los distintos niveles de dirección del Ministerio de Educación. Para colmo de males, con la actual reducción de plantillas, algún sesudo determinó que las auxiliares pedagógicas, por ejemplo, sobraban y, por ende, ya los maestros no disponen de tiempo para alcanzar esos títulos, sin hablar de los conocimientos que los acompañan. Pero todos los títulos de masters y doctores se disuelven cuando uno les plantea una interrogante muy sencilla: ¿por qué mi hijo no puede tener el pelo largo en la escuela? Respuesta: porque está escrito en la Resolución para el Uso del Uniforme escolar. ¿Y por qué está escrita en esa Resolución del Ministerio una regla obligatoria sólo para varones? ¿Cuál es la lógica y la necesidad que está detrás de esa norma? Respuesta: aquí la pantalla se pone azul y aparece un cuadro de diálogo que sólo dice: MEMORIA INSUFICIENTE. En efecto, en septiembre del 2011, dirigí una carta a la ministra de educación cuestionándome la relevancia, la pertinencia, y, sobre todo, la legalidad, de la resolución que dictamina las reglas para el uso del uniforme escolar. Hoy, en mayo del 2012, todavía no tengo respuesta y no porque no lo hayan intentado, hemos tenido dos reuniones en el Ministerio de Educación, y una, el pasado 13 de marzo, en la sede de la Asamblea Nacional, y al final nos dicen que no tienen respuesta, de hecho, cada reunión sólo ha servido para que nuestros funcionarios aplacen el término legal en que deben darme una respuesta, el último plazo vencerá a fines de este mes. Por lo pronto, ya tengo el criterio de la compañera Doralys, Diputada a la Asamblea Nacional que, como miembro profesional, atiende el tema de la educación desde nuestro Parlamento: ella afirma que: “si quitamos el uniforme escolar se acaba la educación en Cuba”. ¿A qué se debe esta hiperbolización? A que se considera que el uniforme es símbolo de IGUALDAD, o sea, mantener el uniforme significa mantener la igualdad de los estudiantes. Pero, todos reconocen que esta IGUALDAD no es real e, incluso, como apariencia, es insuficiente, porque los muchachos saben que no es lo mismo usar tenis chinos que “Converse” y saben, más allá de cómo se vistan, quién tiene playstation y quién no. Y aquí es donde verdaderamente yo entro en contradicción con el sistema escolar, yo veo en este afán por ocultar la desigualdad social un problema ideológico y cívico muy importante: ¿deben los revolucionarios luchar por la igualdad real o por mantener la apariencia de igualdad? Por supuesto que admitir la desigualdad es traumático para una sociedad que ha vivido décadas en una utopía igualitarista, pero, para un marxista, la desigualdad social es un fenómeno inherente al sistema de distribución socialista: de cada cual según su capacidad, a cada cual según su, trabajo; hasta mi hijo de 15 años comprende que si dos personas, A y B, reciben el mismo salario por el mismo trabajo, pero A tiene tres hijos mientras que B tiene uno solo, B tendrá ventajas económicas y mejor calidad de vida. ¿En qué consiste la verdadera igualdad? Aunque usen o no uniforme, los hijos de A y B tienen que ir a la misma escuela y, por tanto, la calidad de la enseñanza es objeto de preocupación para ambos por igual, puesto que la ventaja económica no le da al solvente B la posibilidad de pagar por una escuela mejor, lo que sí puede es pagar un profesor particular que compense la mala calidad de la escuela. Y aquí es donde A y B pueden demostrar si son o no revolucionarios, si no lo son se contentarán con la apariencia de igualdad, en cambio, si somos auténticamente revolucionarios diremos: me importa un carajo como se visten, pero la ventaja académica y, por tanto, la continuidad de estudios, debe ser para el más capaz y no para el que le puedan pagar clases particulares y eso depende de la calidad de la enseñanza y no del “uso correcto del uniforme escolar”.Pero, además, y esto también es tema para el debate ideológico, el reglamento para el uso del uniforme escolar, siendo un documento marcado por el subjetivismo, la mojigatería y el conservadurismo, ha devenido instrumento de dominación y aplastamiento de la individualidad. Nuestras escuelas se convierten, cada vez más, en centros de amaestramiento y domesticación. Esto provoca actitudes rebeldes a ultranza, apáticas e hipócritas, y eso, -los masters lo saben-, es distorsionante para la personalidad en formación. La imposición, el autoritarismo, son la mejor manera de acabar con la creatividad, la iniciativa y la honestidad. Como afirmé una vez: si en el 59 los revolucionarios convirtieron los cuarteles en escuelas, en el 2012 el MINED, nos está convirtiendo las escuelas en cuarteles.Hay otra objeción que yo hago al reglamento para el uso del uniforme escolar y es el problema del DERECHO. La resolución para el uso del uniforme escolar convierte el uso del uniforme y todo lo que lo rodea en algo obligatorio, o sea, los que violen este reglamento no tienen derecho a estar en la escuela y, de hecho son sacados de ella, cuando los padres defienden la postura del hijo, se les permite asistir, pero lo acosan sistemáticamente y le quitan puntos en la evaluación. Por tanto, el MINED pretende colocarle una salvedad al derecho al estudio: si eres varón y te gusta el pelo largo o a tu directora no le gustan “los pinchos”, pierdes el derecho a entrar a tu escuela y te quitan puntos en el “componente educativo”. Pero esta pretensión es ilegal. Para modificar cualquier artículo de la Constitución que se refiera a los derechos fundamentales se requiere un referéndum. Y esto es contraproducente: ¿para qué se les enseña cívica si en la práctica cotidiana la escuela puede botarlos porque se pusieron un piercing convirtiendo la Constitución, de hecho, en letra muerta?
LOS EXPERIMENTOS
1.- la idea de los “15 alumnos por clase” en la secundaria, no fue viable en la práctica –se hubiera necesitado multiplicar el número de aulas-, y pronto se convirtió en aulas de 30 estudiantes con dos maestros “integrales” que les daban todas las asignaturas. Se suponía que las tele clases serían una ayuda, pero con un televisor para 30 estudiantes la mayor parte no ve o no oye, se aburren, buscan en qué entretenerse y pronto ya nadie ve ni oye nada, luego los maestros descubrieron la ley de que las formas de pasar el tiempo son equivalentes entre sí, y pronto dejaron de poner las tele clases. Por qué se siguen dilapidando los recursos del país en ese empeño en algo que escapa a mi comprensión. Las consecuencias son graves: cuando yo estudié en secundaria, tuve un profesor por asignatura y podía darse el caso de que alguna asignatura tuviera malos profesores en un grado, pero profesores buenos de la misma asignatura en otro grado compensaban eso; al final, uno obtenía bastantes conocimientos con ese sistema. Ahora, a dos profesores por grado, te tocan 6 en toda la secundaria, para todas las asignaturas básicas, por ley de probabilidades, la oportunidad de aprender algo se reduce drásticamente. Es dramático que todavía haya quien se pregunte por qué los jóvenes parecen cada vez más idiotas y hasta buscan explicaciones en el reguetón y los juegos digitales. La preferencia por el entretenimiento fácil y banal es consecuencia y no causa de la falta de conocimientos.2.- El programa de estudios siguió el camino de la música y empezó a practicar la “fusión”: en vez de Literatura, Español-Literatura; en vez de Física, Química, Geografía y Biología, surgió un engendro diabólico llamado “Ciencias Naturales”, hace poco, a alguien le pareció excesivo y ¡qué maravilla!, sacaron a la Geografía del potaje, pero con un programa que no es mucho menos superficial, (en 10mo grado, mi hijo está recibiendo Historia Contemporánea, pero como no sabe Geografía la idea que tiene de dónde estaban los países que integraban el campo socialista es bastante vaga); además, se malgasta su tiempo y el de los profesores en una cosa, (de la variedad de barnices y esmaltes de bajo costo), llamada “Encuentro con la Historia de mi Patria”. Los metodólogos parecen no haber descubierto, que para los niños y jóvenes resultan más insoportables las asignaturas “babosas” que las “ladrillo”, éstas últimas, al menos, ofrecen un reto, obligan al esfuerzo, las babosas, en cambio, se pueden aprobar con trabajos prácticos de COPIAR-IMPRIMIR y le crean al estudiante el debido rechazo que a una inteligencia sana y normal le provoca la estupidez. En esta categoría de “baba” cae “Cultura Política”, dicen que la ignorancia es dicha, quizás si yo no hubiera estudiado Filosofía no me resultaría tan traumático que a mi hijo le enseñaran que los materialistas son los que no creen en las ideas y los idealistas los que no creen en la materia, sin contar con que el libro de texto no sólo tiene “El Capital”, sino que, además, lo redujeron a 3 páginas sin siquiera poner puntos suspensivos para indicar la discontinuidad del texto, ¡pa´qué te cuento que si te cuento lloro! La incoherencia de los programas de estudio es tal, que en 10mo grado este curso Química, como asignatura independiente, empezó con Química orgánica, yo me escandalizo: ¡cómo Química Orgánica si en ese engendro de “Ciencias Naturales” ustedes no estudiaron el mínimo imprescindible de Inorgánica!”, menos de un mes después mi hijo me “tranquiliza”: “no te preocupes mamá, ya volvimos a la Química Inorgánica”. ¡Pero, bueno! Ya esto no cae en el terreno de la experimentación, que me perdonen los académicos, pero esto es mera improvisación que ni siquiera alcanza categoría de empirismo. No quiero hablar de lo que para la cultura general e incluso para la formación de valores significa haber quitado la Literatura como asignatura y que mi hijo estudie la Ilíada, por la película de Hollywood en vez de por el libro, se sabe la importancia que tiene la lectura para el dominio de la lengua materna y el aprendizaje en general -incluso de las matemáticas-, y para la estructuración de los valores, -a partir de una mejor comprensión de conceptos éticos abstractos por medio de ejemplos vivos en personajes de distinta catadura moral-; pero esto es algo que viene en apoyo de mi tesis: mientras más se habla de la importancia de la lectura más se aleja la escuela de la literatura. He ahí un ejemplo vivo del divorcio entre el discurso y la práctica.3.- El sistema de evaluaciones. Si los estudiantes salen del sistema de la enseñanza sin los conocimientos, pero con el certificado del nivel vencido, no hay que ser un experto para saber que el sistema de evaluaciones está mal. Pero no creo que se trate de un problema técnico, sino de un problema ÉTICO. Cuando yo era estudiante, los que no sabían suspendían y repetían el grado, en primaria, si llegabas a 6to. Grado con 16 años, te tocaba la escuela taller que te calificaba para un oficio; en secundaria, si no aprobabas no llegabas al pre, las niñas iban para cursos de corte y costura o de gastronomía y los varones para el Servicio Militar y a trabajar. ¿Qué pasa ahora? Cada suspenso crea una catástrofe que hay que analizar, sobre el maestro llueven las recriminaciones porque “no trabajó lo suficiente” con el alumno y su familia, en fin, se arma la de San Quintín. La presión es extraordinaria también sobre las Direcciones Municipales, sobre metodólogos, inspectores y directivos. Como consecuencia, las evaluaciones sistemáticas se diseñan para que el estudiante apruebe y se concentra el esfuerzo de los maestros en aquellos aspectos específicos de un tema que constituyen “objetivos” de la asignatura y que se sabe vienen en los exámenes que bajan de arriba. En la secundaria de mi hijo, los maestros tranquilamente le “soplaban” las respuestas a los estudiantes, incluso de manera masiva, poniendo las respuestas en la pizarra o dictándolas; el ministerio de Educación ya no sabe qué inventar para impedir el fraude, hasta intercambian a los maestros para cuidar exámenes y para calificar, pero el fenómeno no se detiene, porque la evaluación del maestro sigue dependiendo de la cantidad de suspensos: tienes muchos suspensos eres un mal maestro, tus estudiantes aprueban no tienes lío. A pesar de esto, yo no sé hasta qué punto al Ministerio de Educación le preocupa realmente el fraude cuando en la secundaria a mi hijo le dieron el máximo de puntos por asignaturas como Informática e Inglés de las que no recibió clases ni fue examinado. Con los nuevos sistemas de evaluación para qué los estudiantes tendrían que leer, si hasta pueden prescindir del esfuerzo de interpretar un texto puesto que, en el examen, se le pedirá que diga si las interpretaciones del texto que les dan son verdaderas o falsas. ¡Las interpretaciones ajenas! Tampoco tienen que escribir mucho, en ninguna asignatura: predominan las preguntas de marque con una cruz, enlaza dos columnas de texto, rellena el espacio en blanco, etc. y donde hay que argumentar o redactar el profesor le pedirá a los estudiantes que escriban lo menos posible para que no suspendan por faltas de ortografía.
LAS ORGANIZACIONES ESTUDIANTILES
En la primaria, la secundaria y el preuniversitario, las organizaciones estudiantiles no representan los intereses de los estudiantes sino los del Ministerio de Educación, o sea, los del gobierno. Las manifestaciones de este fenómeno son obvias:1.- los estudiantes no pueden reunirse sin un profesor, casi siempre la profesora guía.2.- la profesora guía impone su criterio sobre la evaluación de los estudiantes.3.- en el pre de mi hijo la profesora es quien recoge la cotización.4.- los estudiantes no pueden elegir los dirigentes a su criterio, si el profesor veta la elección los estudiantes tienen que elegir a otro. En consecuencia, los dirigentes estudiantiles son acomodaticios y complacientes con el sistema de educación. Esta es la mejor manera de preparar a los futuros oportunistas y arribistas. ¡Y luego hay quién se pregunta de dónde salen los Lage y los Pérez Roque! ¡Si este tipo de seres son los que más posibilidades tienen de sobrevivir y desarrollarse con este sistema de educación!5.- los dirigentes de las organizaciones sólo se dedican a reprimir a los estudiantes y someterse a las presiones de los maestros.6.- los estudiantes no se consideran representados por las organizaciones estudiantiles, para ellos forman parte del mismo cuerpo represivo y les hacen rechazo.Se podría escribir un libro sobre cómo el conservadurismo, la intolerancia y toda sarta de prejuicios, se han impuesto en nuestro sistema educacional. Con semejante estilo de educación con molde no se obtendrán personas cultas y libres sino sumisas y amaestradas, sin iniciativa ni creatividad. Muchas personas bien intencionadas me reprochan que me desgaste en la lucha en defensa del pelo de mi hijo, pero no se trata del pelo: mi hijo no quiere ser, y sus padres no queremos que sea, un ladrillo en un muro. Esta amenaza pende sobre el futuro del país y, aunque parezca un tema secundario, en mi opinión, en la educación actual nos estamos jugando la independencia de la nación y a cualquier cubano martiano le debería preocupar eso aunque haya funcionarios en el ministerio de educación que consideren que Martí “escribió para su época” y que no es aplicable a la actualidad. Y esto no es una metáfora, me lo dijeron en el MINED en noviembre del 2011.Así conmemoramos el aniversario 117 de la muerte de Martí sepultando su pensamiento bajo el cemento de los patios de las escuelas mientras los niños le ponen flores a una cabeza hueca.Lourdes Rojas Terol19 de mayo del 2012
Comentarios
Publicar un comentario